Hábitos molestos de nuestros ciudadanos mexicanos

En la actualidad han proliferado los libros y publicaciones clasificadas como de “auto-ayuda”. En estos textos usted puede aprender a no tomar de forma personal las acciones que hacen otros individuos. Ahí se establecen técnicas para evitar ofenderse por actitudes ajenas.
Sin embargo, con todo y ese mundo de conocimiento a nuestro alcance, hay ciertas actitudes con las que es difícil no molestarse u ofenderse. Si lo vemos de otra manera, pensemos que ciertos ciudadanos mexicanos se preocupan tanto por sus compatriotas que no se cansan de ofrecernos oportunidades para poner a prueba nuestra paciencia. Con esto en mente y considerando que redacto esto con el mero fin de entretener, vayamos con el primer hábito.

Quedarse paradote/ paradota en medio pasillo del supermercado. Si usted no ha ido a un supermercado teniendo que lidiar con esta situación, entonces realmente nunca ha vivido la experiencia del consumidor-auto-servicial-frustrado. Va usted con su carrito del super, con todos los ánimos de gastar sus devaluados  pesos en los víveres que le permitirán sobrevivir hasta el siguiente pago de sueldo. De repente se dirige a la caja (o a cualquier departamento), y la única forma de llegar-o el único pasillo por donde puede pasar-lo está obstruyendo un señor o una señora-generalmente no muy jóvenes-y ni siquiera se ha dado cuenta. O peor, van a un paso de tortuga cuando usted ya tiene hambre o tiene pendientes que hacer después de comprar su despensa. A veces este ser atraviesa su carrito del supermercado de la forma más estorbosa que usted se pueda imaginar. En la mente de ellos, el supermercado está vacío y nadie más está de compras. Jamás existiría alguien que quisiera compartir el mismo pasillo que ellos, ni mucho menos tener un destino que atraviese el lugar donde ellos tan tranquilamente bloquean la circulación.
En ocasiones, basta con un simple “con permiso” para que se hagan a un lado. Pero hay otros ejemplos donde-después de una hora de esperar que esta persona se dé cuenta de su aberración (digo, porque me parece mala onda señalarles sus errores en público, por muy grandes que sean) –uno les pide permiso para pasar y esta gente se molesta o se indigna. ¿Cómo es posible que alguien se atreva a pasar por donde ellos han colocado sus sagrados pasos?
Vaya a cualquier supermercado o tienda departamental y busque estos ejemplares. Le sorprenderá lo que va a encontrar y verá que me he quedado corto con esta descripción.

Estacionarse chueco o en un lugar no asignado para estacionamiento.
“Conduzco una camioneta FX5000-LT de doble tracción y me estaciono como sólo los trogloditas lo saben hacer. El tener ese medio de transporte incrementa mi complejo de inferioridad, además de acceso a privilegios sobre el resto de la sociedad”.
Esta, me imagino, que es la mentalidad de quienes conducen estos monstruos, quienes generalmente batallan para escribir su propio nombre.
Las rayitas amarillitas o blanquitas o del color que sea, de los estacionamientos, son para que puedan caber varios automóviles. No son rayas que hicieron vagos o niños que jugaron en la calle. Si su automóvil está demasiado grande para caber en estos lugares, busque otro lugar para estacionarse y camine un par de metros.

O mejor venda su rinoceronte de doble tracción y consiga un automóvil más pequeño, más económico y más amable con el medio ambiente.

¿No pensarán en la cantidad de maniobras que tendremos que hacer el resto de los conductores para estacionar nuestro automóvil por un lado del de ellos?
A veces algunos se estacionan rápidamente-y chuecos- porque van a comprar un artículo o tiene algún pendiente “rápido” que hacer. “Al fin y al cabo, no me voy a tardar”-piensan. Y si no encuentran lo que buscan o se encuentran con esas personas que les mencioné en el primer punto, el estacionamiento se hace un desorden.
Piense. Reflexione. ¿Cómo exige al gobierno que cambie y que mejore, si los ciudadanos muchas veces están iguales o peor?
Lo mismo pasa con quienes colocan su automóvil bloqueando a un auto estacionado. “Al cabo es rápido”-dicen.
Y luego, algunos muy cínicos se estacionan atrás de un auto cuyo conductor está adentro del mismo, a punto de echarlo a andar y quien está tapando pregunta: “¿Va a salir?” –“De ninguna manera, señor. Me gusta tener el auto prendido-consumiendo una de las gasolinas más caras del continente- sin motivo aparente”. De inmediato, vuelven a su auto para moverlo a otro lugar (muchas veces muy amablemente, hasta eso) pero, perdiendo aún más tiempo del que tenían pensado. Todo por la costumbre de colocarse en lugares no asignados.
Lo mismo ocurre con los que se estacionan ocupando dos cajones de estacionamiento. O no vieron la raya o quieren más espacio para abrir las puertas o no sé porque hacen esto. Pero es molesto.

La fiesta obstructora de cada fin de semana. Esta se lleva el premio a la “mejor producción de gastritis debido a una actividad ajena”. Todos los fines de semana, en algún lugar de la ciudad, hay un juguete enorme, lleno de aire, que impide el libre tránsito de vehículos. Y no conforme con esto, atraviesan un automóvil para que sea más evidente la burrada.
En una ocasión a mi esposa y a mi, nos tocó llegar a nuestro pequeño y humilde hogar alrededor de las once de la noche, en sábado, para encontrar uno de estos “numeritos” bloqueando el acceso a nuestra cochera. Pero eso no era todo, por supuesto que no.
En ese entonces no existía una barda o alguna estructura que limitara física o visualmente la propiedad de cada uno de los habitantes de la cuadra. Entonces nos encontramos, sobre la banqueta donde estaciono el automóvil, una decoración de varias mesas, con sus correspondientes comensales, enfrente de la casa. No estaban en la calle, no, (ahí estaba la mega estructura de aire), sino sobre la cochera. Incluso un par de tipos se fumaban un cigarro recargados sobre la puerta de mi casa.
¿Qué ocurrió? Bajé del auto, (que estaba a tres casas de distancia porque hasta ahí llegaba la fila de automóviles estacionados en doble fila, impidiendo la circulación por la calle) y me dirigí a paso veloz hacia la casa. No corriendo, pero si con un porte de “Nada me va a detener de decirle a esta gente que vaya a chiflar a su…”-ustedes ya saben a quien.
El vecino, que nos conoce muy bien a mi esposa y a mí, me vio venir a lo lejos e inició un movimiento inmediato para quitar todas las mesas de nuestra propiedad y moverlas a la suya. No tuve que decir una sola palabra. ¿Por qué tuvo que poner las mesas en mi propiedad si en la suya tenía suficiente espacio? Jamás lo sabré.

La gente volteó a vernos con cara de pocos amigos, quizás recordándonos a toda la familia. Pudo importarnos menos. Ellos son los que estaban invadiendo propiedad privada.

 

En caso de que le parezca exagerado, ahi está la evidencia.

La música. ¿Por qué insisten en obligarnos a escuchar sus gustos de música?
Siempre he tratado de respetar los gustos y preferencias ajenas. Personalmente yo no soporto la música grupera, de banda, tambora, norteña y todo lo que se le parezca. Escucho otro tipo de música. Y cuando lo hago, no le subo el volumen al aparato para que lo escuche toda la cuadra. ¿Por qué? Porque sé que no a todos les gusta la misma música que a mi. Entiendo que quizás el vecino de la casa de enfrente tal vez debe levantarse temprano el otro día. O tal vez una vecina acaba de tener a su hijo y acaba de recostarse un rato para descansar del llanto y de las labores de una nueva madre.
Aparte, esta gente estaciona su automóvil, abre las puertas, baja los cristales de las puertas, abre la cajuela y creo que hasta el cofre del auto, para que el ruido se expanda en todas direcciones. Y luego, se ponen a platicar.
¿Cómo pueden platicar con ese ruido tan estruendoso? A veces pienso que lo hacen para que nadie escuche lo que platican. Vaya manera de hacer “privadas” sus conversaciones.
¿Qué pensará esta gente? ¿Buscarán ser notados? ¿Tendrán la idea que al verlos con música a todo volumen les dará estatus social? ¿Se sentirán físicamente tan espantosos que apenas así los voltearían a ver?
Hace varios meses tenía la idea de que a estas personas les falta educación. O bien que no tenían educación. Pero me he dado cuenta de que esta preferencia no tiene que ver con eso. No hace mucho tiempo, escuché a una maestra quejarse por personas como yo. Decía que cómo es posible que se queje la gente por tener la música con volumen alto. Alegaba que ella está en su casa y es su derecho-casi constitucional- el reventarse los tímpanos escuchando sus preferencias musicales. Estamos fritos-pensé. Esto lo decía una persona-supuestamente educada, profesionista, letrada. ¿Qué se puede esperar del resto de la población? En fin.
Si usted conoce a alguien así o se identifica con algo de lo que aquí se comenta, considere a la persona que está del otro lado en el supermercado, en el estacionamiento, o el vecino que vive enfrente de su casa. Por lo menos ahora ya sabe lo que piensa uno de ellos.

P.D. La maestra mencionada, de ninguna manera forma parte del equipo de UNIVIA.

~ by rocver on April 4, 2012.

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